Vagas para texugo

Posted: 25th março 2017 by Vanessa Barbara in Crônicas

Caderno Cultura – O Extra – Fernandópolis
25 de março de 2017

Il Brasile paga il conto delle olimpiadi

Posted: 12th março 2017 by Vanessa Barbara in Traduções

Internazionale n. 1193
24 febbraio 2017

¿Los brasileños cancelarán el carnaval?

Posted: 12th março 2017 by Vanessa Barbara in Traduções

Una mujer con su bebé afuera del Maracanã. Credit: Dado Galdieri para The New York Times

The New York Times
21 de febrero de 2017

por Vanessa Barbara
Contributing opinion writer

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SÃO PAULO, Brasil — Por lo menos 70 pueblos o ciudades en ocho estados de Brasil han cancelado las festividades del carnaval este año porque están sufriendo la peor recesión del país en la historia reciente.

El alcalde de Taquari, en Rio Grande do Sul, ha decidido usar el dinero que se habría destinado a las celebraciones para acortar las filas de espera en los hospitales públicos, además de financiar un proyecto para niños con necesidades especiales. El año pasado, la ciudad de Guaraí, en Tocantins, canceló las celebraciones de fin de año para renovar dos escuelas públicas mientras que en Porto Ferreira, un pequeño pueblo del estado de São Paulo, la asamblea local votó a favor de cancelar el carnaval y utilizar el dinero para comprar una nueva ambulancia.

Esta no es una fábula moralista acerca de malgastar desmesuradamente los fondos públicos y el deber de ayudar a los niños pobres en vez de celebrar con un disfraz de bebé gigante. Pero sí me parece extraordinario que en medio de la recesión nacional, la región que parece estar en peor estado es Río de Janeiro, donde el año pasado se llevaron a cabo las olimpiadas con bombo y platillo y donde hubo un aumento invaluable de turistas, según el gobierno.

Ahora tanto la ciudad como el estado de Río están en problemas. El nuevo alcalde está proyectando un déficit de casi mil millones de dólares este año, y se espera que el presupuesto estatal tenga un déficit de más de 6 mil millones de dólares. El estado también debe 10 mil millones de dólares en préstamos garantizados por el gobierno federal.

Hace casi dos años, el gobierno estatal comenzó a retrasar el pago de los salarios de los servidores públicos, así como los cheques de las pensiones. Actualmente los servidores públicos, como los profesores de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, están recibiendo parte de su sueldo de diciembre, sin expectativa alguna de que les llegue un bono de fin de año. Hay muchos reportes de empleados estatales que no tienen el dinero suficiente para pagar la renta o comprar alimentos. Los hospitales estatales ya tienen tiempo sin poder comprar equipos o suministros ni pagar salarios. El presupuesto de educación también ha sufrido recortes. Incluso los oficiales de policía y bomberos han amenazado con irse a huelga a causa de la tardanza en los pagos.

El desastre presupuestal en Río podría atribuirse a muchos factores, como la caída en los precios del petróleo, la expansión de la nómina del gobierno y la recesión general, pero no hay duda de que los gastos imprudentes por el mundial de fútbol y las olimpiadas contribuyeron al problema. La ciudad de Río tendrá que pagar las deudas que ha acumulado durante años mientras se ocupa del mantenimiento de los estadios que construyó.

Como resultado, el gobernador de Río busca aprobar más de veinte medidas de austeridad. Parece haber decidido que la población también se unió a la fiesta y ahora quiere dividir el costo de las cervezas. Las medidas incluyen reducciones de salarios y obligaciones de seguro social más altas para servidores públicos, así como incrementos en los impuestos, un aumento al costo del transporte público y el fin de muchos programas sociales como subsidios de renta para indigentes. El estado también ha señalado que venderá el departamento de suministro público de agua y saneamiento a inversionistas privados.

Mientras tanto, sigue otorgando significativas exenciones fiscales a empresas de telefonía y otros negocios. De acuerdo con un informe de la Agência Pública, una agencia brasileña de periodismo de investigación, 50 empresas recibieron exenciones fiscales entre 2007 y 2010. Estas incluyen a marcas de joyería de lujo así como salones de belleza y de masajes. Otras son tiendas en línea que apenas generan empleos. Existen las sospechas de que estas empresas han dado grandes donaciones a campañas políticas. La Procuraduría Federal está investigando si algunas de las exenciones fiscales que se otorgaron a empresas de joyería están relacionadas con el lavado de dinero.

Desde luego, los cariocas están saliendo a manifestarse en las calles y la policía los recibe con los amables gestos de siempre. En diciembre, oficiales de policía entraron a una iglesia cerca del edificio legislativo estatal y dispararon balas de goma a manifestantes desde una ventana (a los oficiales tampoco les han pagado). A principios de febrero, incendiaron un autobús y lo detonaron en el centro de la ciudad. El mismo día, un oficial de la policía civil le disparó a la policía antidisturbios durante una protesta. Los trabajadores sanitarios están en huelga. Hay más manifestaciones programadas para las próximas semanas. La semana pasada 9000 soldados del ejército fueron desplegados para patrullar las calles de Río, donde podrían quedarse hasta marzo.

Además del revuelo en las calles, hace unos meses dos exgobernadores del estado de Río fueron arrestados bajo cargos de corrupción y fraude electoral. Anthony Garotinho es sospechoso de intentar amañar las votaciones y Sergio Cabral, cuyo mandato terminó en 2014, es acusado de exigir 64 millones de dólares en sobornos a cambio de contratos de infraestructura para el mundial y otros proyectos.

Tan solo seis meses después del mega evento, el Parque Olímpico de Río de Janeiro parece un pueblo fantasma; los visitantes dicen que la piscina está llena de lodo. El Maracaná está dañado y abandonado por completo. El Parque Olímpico de Deodoro está cerrado, a pesar de que la piscina y las instalaciones debían estar abiertas al público. La bahía de Guanabara, donde se organizaron eventos acuáticos, aún está contaminada. La euforia de las olimpiadas definitivamente se acabó, mientras las pensiones y los salarios siguen sin llegar y los oficiales de policía pelean entre sí en las calles.

Pero los turistas no tienen de qué preocuparse: todavía está garantizado el Carnaval de Río.

Corrección: Una versión anterior de esta columna incluía información no actualizada sobre las ciudades brasileñas que estaban pensando en cancelar el carnaval. Este año, se estima que casi 70 ciudades brasileñas han decidido no participar en las festividades del carnaval, la referencia de 48 ciudades era para el 2016. El artículo también tenía información errónea sobre el año en el que la ciudad de Porto Ferreira optó por comprar una ambulancia en vez de incurrir en costos del carnaval, fue en 2016 y no este año.

Will Brazilians cancel Carnival?

Posted: 12th março 2017 by Vanessa Barbara in New York Times, Reportagens

Outside the damaged and abandoned Maracanã Stadium in Rio de Janeiro this month. Credit: Dado Galdieri for The New York Times

The New York Times
February 19, 2017

by Vanessa Barbara
Contributing opinion writer

SÃO PAULO, Brazil — As many as 70 towns and cities around Brazil are reported to have canceled Carnival festivities this year because they are suffering from the worst recession in the country’s recent history.

The mayor of Taquari, in Rio Grande do Sul, has decided to use the money that would have gone to the celebrations to speed up the waiting line for health exams in public hospitals, as well as to fund a project for children with special needs. Last year, the city of Guaraí, in Tocantins, canceled New Year festivities to renovate two public schools, while in Porto Ferreira, a small town in São Paulo State, the local assembly voted to call off Carnival and use the money to buy a new ambulance.

But this is not a moralistic fable about the lavish waste of funds and the duty of helping poor children instead of partying in a giant baby costume. I just find it remarkable that, amid our national recession, the region that seems to be in the worst shape is Rio de Janeiro, where the Olympics took place last year with great buzz and, the government said, a priceless surge in tourists.

Now both the city and the state of Rio are in trouble. The new mayor is projecting an almost $1 billion budget shortfall this year, and the state budget is expected to fall more than $6 billion short. The state also owes $10 billion in loans guaranteed by the federal government.

Around two years ago, the state government started delaying civil servants’ salaries and pension checks. Right now public employees, such as professors from the State University of Rio de Janeiro, are still receiving part of their wages for December, with no expectations for a year-end bonus. There are many reports of state employees who don’t have enough money to pay rent or buy food. For a while now, state hospitals have been unable to afford equipment, supplies and salaries. The education budget has also been slashed. Even police officers and firefighters have threatened to strike over late paychecks.

The budget disaster in Rio could be attributed to many factors, such as the fall in the oil prices, the expansion of the government payroll and the general recession. But there’s no doubt that reckless spending on the World Cup and the Olympics played a role. The city of Rio will be paying off the debts it amassed for years, while it also now has to maintain the arenas it built.

As a result of all this, Rio’s governor is trying to pass more than 20 austerity measures. He seems to have decided that the population had effectively joined the party and now wants to split the cost of the beer. The measures include salary reductions and higher social security payments for civil servants, tax hikes, an increase in public transportation fees and the end of many social programs such as rental subsidies for the homeless. The state has also signaled it will sell off the public water supply and sanitation department to private investors.

Meanwhile, it keeps granting significant tax exemptions to telephone companies and other businesses. According to a report from the Agência Pública, a Brazilian investigative journalism agency, just 50 companies received $8 billion of tax exemptions between 2007 and 2010. They include luxury jewelry brands, beauty salons and massage parlors. Others are online retailers that barely generate jobs. The suspicion is that these companies have given big donations to political campaigns. The Federal Public Prosecutor’s Office is investigating whether some of the tax exemptions given to jewelry companies were related to money laundering.

Naturally, Cariocas — the residents of Rio — are taking to the streets in protest and are being received by the police with the customary niceties. In December, police officers entered a church near the state legislative building and shot rubber bullets at rioters from a window. (Their paychecks are also overdue.) Early this month a bus was set on fire and exploded downtown. On the same day, a civilian police officer fired at the military riot police during a protest. Sanitation workers are on strike. More rallies are scheduled for the next weeks. On Tuesday, 9,000 army soldiers were deployed to patrol the streets of Rio, where they could remain until March.

In addition to this uproar in the streets, a few months ago, two former governors of the state of Rio were arrested on corruption and voter fraud charges. Anthony Garotinho is suspected of attempted vote rigging, and Sergio Cabral, whose term ended in 2014, is accused of demanding $64 million in bribes in return for infrastructure contracts for World Cup and other projects.

Just six months after the mega-event, the Barra Olympic Park looks like a ghost town; visitors say that the pool is filled with mud. Maracanã Stadium is damaged and completely abandoned. The Radical Park of Deodoro Sports Complex, whose swimming pool and grounds were supposed to remain open to the public, is closed. Guanabara Bay, where sailing and windsurfing events were held during the Games, is still polluted. The Olympic euphoria is definitely gone, as pensions and salaries are held up indefinitely and police officers fight against one another in the streets.

But tourists should not worry: Rio’s Carnival is still guaranteed.

Correction: February 23, 2017
An earlier version of this article included outdated information about Brazilian cities canceling Carnival. This year, estimates of the number of cities deciding to not mount Carnival festivities are as high as 70; a reference to 48 cities doing so reflected the situation in 2016. The essay also misstated the year the city of Porto Ferreira opted to buy an ambulance instead of holding Carnival. It was 2016, not this year.

O Estado de São Paulo – Caderno 2
6 de fevereiro de 2017

por Vanessa Barbara

No livro O Paradoxo da Escolha, de 2004, o psicólogo americano Barry Schwartz afirma que a oferta crescente de escolhas no mundo moderno pode ser paralisante, e não exatamente libertadora. Por exemplo: quando você se depara com 115 tipos diferentes de geleia no supermercado e acaba não levando nenhuma porque precisaria pesquisar melhor; ou quando você não sabe se escolhe um formato diferente de armação dos óculos, se compra lentes de contato ou se faz cirurgia corretiva.

Schwartz divide o mundo entre maximizadores (os que buscam incessantemente a melhor opção possível, mesmo quando se trata de geleias) e satisfazedores (que procuram uma opção que lhes pareça suficientemente satisfatória baseado em poucos critérios, e quando a encontram param de procurar). É claro que os mais felizes são os satisfazedores, mas muitos de nós (não vou apontar dedos) continuamos buscando no Google o resultado de testes cegos com vários tipos de geleia, ou se o espessante goma xantana faz bem, ou se por esse preço eu não deveria comprar uma compota. Enquanto você se martiriza sobre quais desses modelos de geleia irá fazer sua família mais feliz, você realmente garante que, não importa qual a escolha final, haverá arrependimento envolvido.

O melhor método seria simplesmente estabelecer um ou dois critérios essenciais – por exemplo: o preço até 20 reais e o fato de conter pedaços de frutas – e considerar-se satisfeito assim que encontrar o primeiro item que atenda a essas especificações. Pode não ser o melhor produto disponível para compra imediata nos supermercados do hemisfério ocidental, mas pelo menos a decisão foi rápida, você não fica se culpando e sobra tempo para de fato comer a geleia.

Outra ideia boa é estipular um limite de tempo máximo para tomar a decisão. E parar de se importar com a geleia dos outros.

Nas palavras de Schwartz, o segredo da felicidade é ter baixas expectativas.

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Agora imaginem que, antes de nascer, todos nós recebêssemos uma prancheta e tivéssemos que fazer uma série de escolhas quanto aos infortúnios patológicos que nos caberiam nesta vida.

Por exemplo: você escolheria nascer com miopia ou asma? Hérnia ou epilepsia? Em certos casos, vamos supor, entre mau hálito ou piolho, a escolha ainda por cima carregaria um forte estigma social. Mesmo caso com depressão e hipersonia. Aliás, você preferiria ter depressão ou ansiedade? Depressão ou pedra no rim? Depressão ou diabetes? Depressão ou beribéri?

Entre hipertensão e sarna, eu escolheria sarna – só não me peça para justificar. Eu talvez tentaria trocar ansiedade por doença celíaca, gastrite e frieira – no mesmo pacote. Confesso que seria difícil decidir entre síndrome de Waterhouse-Fridrichsen, afasia de Wernicke e doença de Refsum, pois não faço ideia do que são essas doenças, mas eu certamente tentaria um acordo por fora envolvendo crises periódicas de rinite e várias verrugas. E fecharia com o hipotireoidismo antes que tentassem me arrumar um problema renal.

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Uma das características dos maximizadores é que eles chegam a sofrer inclusive com a ponderação de opções que não existem: eu, por exemplo, me arrependo demais de não ter nascido homem branco. Nem de ter estudado num colégio paulistano de elite, desses com pomar no pátio e aulas de natação. Acabaria exercendo uma profissão mais monetariamente digna como analista do mercado financeiro, gestor de patrimônio, CEO de multinacional ou deputado federal da bancada do agronegócio. Ter nascido na América do Sul também não ajudou em nada.

Daí nos resta tentar escolher a melhor geleia possível do plano das ideias e passar três horas selecionando um título para este texto.

O Estado de São Paulo – Caderno 2
30 de janeiro de 2017

por Vanessa Barbara

Minha mãe sempre gostou de musicais. Lembro da antena da nossa televisão disposta em ângulos bizarros, no ponto exato onde a imagem ficava menos verde, e de nós duas na sala assistindo a algum filme como Um dia em Nova York (On the Town, 1949) ou Xanadu (1980), enquanto tentávamos entender se aquilo era um número de dança ou só um personagem de duas cabeças caminhando no parque. (A imagem era muito ruim mesmo.)

Quando eu era menor, achava muito chatas as partes em que os personagens irrompiam a cantar, e aproveitava essas horas para ir ao banheiro. Os números de dança costumavam ser compridos, com plataformas giratórias e atrizes com vestidos esvoaçantes posando de modelos em seus chapéus elaborados. E rocamboles na piscina: havia uma quantidade cansativa de cenas com pessoas nadando em círculos de forma sincronizada e sendo erguidas por um guindaste com uma vela de bolo na cabeça e um sorriso decididamente assustador. Era nesse momento que eu parava para fazer um lanche. Só a “parte da história” me interessava.

Mais tarde, já na adolescência, comecei a entender qual era a graça daquelas coreografias de dança com um cabide e reparei na letra das músicas que o mocinho cantava para sua amada, que até então ele odiava. Passei a esperar esses momentos nos filmes, mesmo porque, àquela altura, a imagem da nossa televisão já estava bem melhor. Mas eu continuava preferindo Gene Kelly a Fred Astaire porque ele era mais acrobático e dava cambalhotas vestido de pirata. (Com o amadurecimento veio a sabedoria.)

O bom de falar de um gênero em extinção é que dá para dizer que você já viu quase tudo sem correr o risco de estar exagerando: desde os musicais mais consagrados como Cantando na Chuva (Singin’ in the Rain, 1952), Amor Sublime Amor (West Side Story, 1961), My Fair Lady (1964), A Noviça Rebelde (The Sound of Music, 1965), passando por alguns dos meus favoritos como Alta Sociedade (High Society, 1956) e Meias de Seda (Silk Stockings, 1957), até umas bombas tipo Bonita e Valente (Annie Get Your Gun, 1950) e o já citado Xanadu, que até hoje é matéria de pesadelos.

Vejam: o principal componente de um musical é a tolice. Não há como conceber um mundo sério em que uma pessoa resolve dizer algo cantando – estou pensando em Fred Astaire ao pé da escadaria dizendo que nunca mais vai dançar se não for com Ginger Rogers, em Ritmo Louco (Swing Time, 1936), ou em Gene Kelly e Donald O’Connor torturando o fonoaudiólogo em Cantando na Chuva. Aliás, o sapateado em si já é um troço engraçado.

Dito isso, não dá para saber onde foi parar a tolice naquele momento preciso em que Astaire e Cyd Charisse começam a dançar no Central Park, hesitantes, em Roda da Fortuna (The Band Wagon, 1953). Ou mesmo quando Richard Beymer, que aliás era meio dentuço, canta “Somewhere” para Natalie Wood em Amor Sublime Amor. Ou quando uma maltrapilha Audrey Hepburn em My Fair Lady diz como seria lindo ter as mãos e os pés quentes.

Um musical pode ser predominantemente tolo, mas há instantes de extrema beleza nos quais só a dança e a música fazem sentido. Um dos mais tocantes acontece num filme chamado A Alegre Divorciada (The Gay Divorcee, 1934), quando Astaire pede que Rogers não vá embora porque ele tem “muitas coisas a dizer”, sendo que essas coisas são a letra de “Night and Day”, de Cole Porter.

Neste século tivemos Moulin Rouge! (2001), Chicago (2002) e Os Miseráveis (Les Misérables, 2012), todos bonitos e tolos.

Tudo isso para chegar em La La Land (2016), um musical que prometeu romance, vestidos coloridos, sapateado, coreografias em cima de carros e um planetário. E ainda assim saí do cinema decepcionada.

P.S.: A imagem pelo menos não estava verde.

Peça a peça

Posted: 23rd janeiro 2017 by Vanessa Barbara in Caderno 2, Crônicas, O Estado de São Paulo
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Encontrada

O Estado de São Paulo – Caderno 2
23 de janeiro de 2017

por Vanessa Barbara

Gosto de comprar quebra-cabeças usados, sobretudo da marca alemã Ravensburger. Em 30 de março de 2014, encontrei dentro da caixa uma peça que não pertencia ao meu quebra-cabeça. É toda bege com alguns veios mais escuros, achatada horizontalmente em forma de letra H e com “braços” nas laterais. Claramente pertencia a algum cenário desértico e não à minha bucólica paisagem de trem nos Alpes suíços. Terminei o quebra-cabeça e ela ficou sobrando.

Isso quer dizer que em algum lugar do mundo existe um quebra-cabeça com esta peça faltando. Vocês não sabem como isso ataca a minha ansiedade. Quem estiver sentindo falta de uma peça nas especificações acima, por favor escreva para este jornal com nome, endereço e recompensa oferecida pelo resgate. Imagino que possa haver alguma criança doente por causa disso.

*

Os primeiros quebra-cabeças foram criados a partir de mapas e eram passatempos de cunho educativo. A atividade ganhou força na época da Grande Depressão, por se tratar de uma opção barata que podia render muitas horas de entretenimento – e ainda por cima ser reutilizada.

Como tudo nesta vida, existe um submundo de entusiastas de quebra-cabeças. Os mais habilidosos conseguem encaixar até 100 peças por hora, enquanto a média faz 25 a 50 (eu faço umas quatro). Muitos dos mais experientes preferem ficar de pé durante o processo, pois acreditam que sentar é um fator limitador para seu estilo.

Em geral, a tática mais utilizada é solucionar as bordas e depois separar as peças por cor. Mas há também quem as classifique por formato e número de “pernas”, a fim de facilitar a localização conforme a figura vai sendo preenchida.

Eu pessoalmente uso a tática Vaca Louca: sentar num canto, concentrar-se numa indistinta área de céu (ou telhado) e começar a testar as peças uma a uma, enquanto converso aleatoriamente sobre o dia em que eu estava sentada no escritório com a janela aberta e o vento engoliu as anotações de uma entrevista que fiz com um coordenador do Ibama – ou qualquer história do mesmo naipe. Alternativamente coloco para tocar alguma seleção de músicas passíveis de serem cantadas em voz alta, com uma ou outra faixa de cunho mais reflexivo – que é para quando você fica em silêncio tentando resolver o quebra-cabeça e pensa no absurdo da existência.

Os produtos da Ravensburger são notáveis porque suas peças são robustas, bem cortadas e encaixam perfeitamente. A marca comercializa o maior quebra-cabeça do mundo, um painel de 680 por 192 centímetros com dez cenas de desenhos da Disney. Ele tem 40.320 peças.

Foram eles também que lançaram o Krypt Silver Puzzle, um quebra-cabeça monocromático retangular com 654 peças prateadas e dispostas em círculo, tudo rigorosamente da mesma cor. Outro considerável desafio para os adeptos do passatempo é um puzzle de 5 mil peças com cores em degradê desenvolvido pelo artista Clemens Habitch. E há um puzzle da Clementoni só de peixinhos Nemo e uma única Dory.

Cada vez mais, os fabricantes têm desenvolvido novas formas de dificultar a resolução de seus produtos. Uma das marcas mais maquiavélicas é a Stave, que já produziu um quebra-cabeça impossível de resolver como pegadinha de Primeiro de Abril. A marca é conhecida por não trazer a figura na caixa (só uma pista por escrito) e por introduzir uma série de maldades como um “canto falso” (peça de canto que encaixa no meio de um quebra-cabeça), uma “beirada maldita” (peças adjacentes de beirada que não se encaixam por si só, mas exigem uma terceira peça para se juntar) e um “corte na linha da cor” (peças cortadas bem na linha divisória entre duas cores diferentes, de modo que uma peça azul pode emendar numa verde sem nenhuma pista da junção).

Alguns puzzles da Stave contém espaços em branco só para despistar.

Nomes de esmaltes

Posted: 17th janeiro 2017 by Vanessa Barbara in Caderno 2, Crônicas, O Estado de São Paulo

O Estado de São Paulo – Caderno 2
16 de janeiro de 2017

por Vanessa Barbara

No mês passado, fiz uma pesquisa para o The New York Times sobre nomes de esmaltes e constatei que o ápice da criatividade humana não está mais sendo empregado em áreas como a literatura e a música, mas no batismo de tons de verniz para decorar as unhas.

Diante de uma nova cor, as empresas nunca recorrem ao Pantone ou código hexadecimal – “achei divino aquele vermelho #ff001E” –, mas a epítetos mais poéticos como “Renda”, “Algodão Doce” ou “Pétala Branca”. Por alguma razão, isso rapidamente desandou para nomes bizarros como “Risoto de Mandioquinha” (um laranja com tom de mostarda), “Pantalona de Chita” (vermelho rosado) e “Manjar de Tapioca” (nude).

Os nomes que mais me irritam trazem um leve tom condescendente junto com o fundo perolado. “Bom Dia com Amor”, da Colorama, é um deles, bem como “Encontro Delícia”, “Quem Nunca?” e “Ai, Amiga!”.

Lá fora, temos uma tonelada de nomes exóticos como “Fiji Weejee Fawn” [algo como Bege Fiji Ouija], “Seychelles Seashells” [Conchas de Seychelles] e “Up the Amazon Without a Paddle” [Rio Amazonas Acima Sem um Remo]. Até aí, tudo bem. Mas logo a marca americana OPI achou que era uma boa ideia lançar a cor “Kiss Me, I’m Brazilian” [Me Beije, Sou Brasileira], a despeito de ser um tanto ofensiva.

Hoje em dia não há nenhum pudor em dar nomes misóginos aos vidros de esmalte. A grife Sephora by OPI tem uma coleção inteira que eu chamo de “Tons Chauvinistas de Inverno”: inclui uma cor de maravilha chamada “Lost Without My GPS” [Perdida Sem Meu GPS] e um preto vivo de nome “What’s a Tire Jack?” [O Que É um Macaco?]. A marca também é responsável por “How Many Carats” [Quantos Quilates?], “I’m With Brad” [Estou com o Brad] e “Never Enough Shoes” [Nunca Há Sapatos o Bastante].

Mas eles não estão sozinhos: a marca Essie lançou “No Pre-Nup” [Sem Acordo Pré-Nupcial], “Where’s My Chauffeur” [Onde Está Meu Motorista], “Trophy Wife” [Esposa-Troféu] e “Show Me the Ring” [Me Mostre a Aliança]. A empresa China Glaze vende as cores “Man Hunt” [Caça-Homens], “Limbo Bimbo” [algo como Vadia do Limbo] e “Marry a Millionaire” [Case-se com um Milionário]. A marca Deborah Lippmann tem “Before He Cheats” [Antes Que Ele Traia]. Uma das cores mais populares da OPI é um tom de vermelho-rubi que eles intitularam “I’m Not Really a Waitress” [Não Sou Exatamente uma Garçonete]. E a Spoiled tem um esmalte chamado “Daddy’s Credit Card” [O Cartão de Crédito do Papai].

O Brasil não fica para trás: nós temos as cores “Deixa Beijar”, “Nunca Fui Santa”, “Me Belisca!”, “Fiu Fiu”, “Ô Meu Santo Antônio”, “Boneca de Luxo” e “Amante”, entre outros.

Como se não bastasse, no ano retrasado, a Risqué decidiu contribuir ainda mais para o movimento global antifeminista dos nomes de esmaltes com a coleção: “Homens Que Amamos”. O intuito era celebrar os grandes atos de nossos heroicos namorados e maridos. Há um tom laranja vivo chamado “André Fez o Jantar”, um roxo de nome “Leo mandou flores”, um cinza-escuro chamado “Zeca Chamou Para Sair” e um prateado de nome “Guto Fez o Pedido!!” (com dois pontos de exclamação). O slogan da coleção é: “O assunto número um das nossas conversas”, claro, os homens, “em seis cores que vão dar o que falar”.

É claro que tamanha criatividade nos incentivou a sugerir para a marca uma nova coleção temática, chamada: “Arco-Íris da Repressão”. Tem o “Neblina de Lacrimogêneo”, um branco cremoso com toques de esfumaçado; o “Pimenta Nos Olhos dos Outros”, um vermelho que dispensa explicações; o “Noite dos Mascarados”, preto com brilho; o “Roxo de Cassetete”, que com o tempo muda de cor e fica esverdeado; e o “Constituição Brasileira”, que sai com qualquer chuvinha.

O Estado de São Paulo – Caderno 2
9 de janeiro de 2017

por Vanessa Barbara

O ano de 2016 começou com a Frida, uma vira-lata preta e frenética que resgatei de ser atropelada e que levei para casa junto com as compras do mês. Muito já foi dito sobre Frida e nunca será o suficiente – basta dizer que, no momento, ela se encontra feliz e confortável em seu novo lar com os cães Astor e Mocha, dormitando em cima desta coluna de jornal e perpetrando pequenas contravenções domésticas.

Sem negar suas origens, Frida já foi flagrada furtando um pote de ração de cima da mesa e levando para o sofá, onde ficou beliscando o quitute como se fosse pipoca. (Cogita-se que também roubou a senha da Netflix e assistiu à segunda temporada de “O Encantador de Cães”.) Frida já furtou um pote de Whey e convenceu a pequena Mocha a consumi-lo, para prejuízo do estômago desta.

Depois veio o Pokémon, um vira-lata caramelo que estava dormindo ao relento no inverno e parecia uma hiena famélica quando chegou. Assim como Frida, Pokémon foi castrado e recuperado para ser oferecido para adoção. Ele chegou a passar um tempo em um novo lar, mas a gata da casa ficou muito enciumada. O adorável vira-lata, que tem as orelhas mais expressivas da Zona Norte e adora passear, continua num lar temporário esperando um adotante responsável.

Já na primavera veio o Puppy, um poodle branco velhinho e surpreendentemente teimoso que foi abandonado pela tutora em Osasco e chegou esquelético e depressivo. Puppy tinha catorze anos de idade e o que mais fazia era ficar de pé e olhar para o chão, desolado. Ele gostava de quibe, mas não comia quase nada e vomitava muito.

A despeito da sua fraqueza, Puppy era um lorde e nunca fazia xixi na própria cama: ele se levantava, ia cambaleando até o meio da cozinha e se aliviava ali mesmo. Uma vez tentamos fechar o caminho para a sala com uma grade improvisada e ele saiu dando cabeçadas no obstáculo até ficar livre. Quando não gostava da comida, também dava vigorosas cabeçadas na tigela. Puppy estava morrendo, mas era o nosso cabeçudo preferido.

Ele passou alguns dias conosco antes de ser internado, e ficou na clínica por um mês, até descobrirem que estava com tumores generalizados. Morreu numa sexta-feira às seis da manhã e eu chorei no ônibus o caminho inteiro de volta. Ainda não consigo olhar para o hipopótamo vermelho de borracha que ficava do lado da cama dele. Até hoje estou pagando a conta do hospital. (Se alguém quiser ajudar, contatem a ONG Bendita Adoção, de Osasco, que aliás sempre precisa de padrinhos para os animais abandonados.)

Outro cão ilustre de 2016 foi o Paçoca, um vira-lata garboso de olhos claros e pelo branco e bege que foi resgatado pela minha cunhada e ganhou abrigo numa fazenda em Juiz de Fora. Ele veio tão traumatizado que tinha pavor até de receber carinho, mas hoje vive como um rei com sua amiga canina Zuzu (mandona) e a recém-chegada Lola, uma filhotinha marrom de cerca de quatro meses de idade que apareceu um dia no quintal, cheia de pulgas. Lola gosta de roer objetos e quando vê pessoas fica tão feliz que faz xixi no chão.

Foi um ano rico em amizades caninas, o que significa que foi um ano rico em geral. Também passeei com vários vira-latas da ONG Canto da Terra, com sede em Santana: o adorável Tibe, um cão preto e enorme que adora brincar com pinhas e foi adotado por uma família que mora num sítio; a Gil, uma cachorra preta e cheia de energia que também já foi adotada; o Velho, um idosinho extremamente dócil que faz questão de marcar com xixi todos os arbustos do caminho, mesmo que só saia um pinguinho; e o Flipo, um baixinho bege e feliz que gosta de correr. Estão todos disponíveis para adoção responsável.

O novo parâmetro para o sucesso de um ano é relembrar todos os cães que você ajudou.

En Brasil ya comenzó el fin del mundo (traducción)

Posted: 8th janeiro 2017 by Vanessa Barbara in Traduções

Sarah Mazzetti

The New York Times
11 de enero de 2017

by Vanessa Barbara

SÃO PAULO — En Brasil ya comenzó el fin del mundo. Al menos eso es lo que la gente anda diciendo. Los opositores llaman así —la Reforma del Fin del Mundo— a la propuesta de enmienda constitucional que aprobó el senado el mes pasado. ¿Por qué? Debido a que las consecuencias de la reforma parecen desastrosas. Y duraderas. Congelarán todo el gasto federal durante 20 años, incluyendo la educación y los servicios de salud.

El gobierno justificó la medida basándose en que Brasil enfrenta importantes déficits presupuestarios. Sin embargo, la gente no está convencida. Una encuesta de diciembre de 2016 reveló que solo el 24 por ciento de la población está a favor de la reforma. Los brasileños tomaron las calles para expresar su descontento. Se encontraron, como es habitual, con gas lacrimógeno y oficiales de la policía montada. Los estudiantes de secundaria tomaron mil escuelas en protesta, la mayoría en el estado de Paraná, al sur del país.

El gobierno no dará marcha atrás. La Reforma del Fin del Mundo es solo una de las muchas medidas neoliberales impulsadas por Michel Temer, el presidente de Brasil. Debería ser motivo de preocupación que Temer pueda llevar a cabo tantas reformas de tal envergadura, en especial considerando que la mayoría de ellas, incluyendo la de los límites al presupuesto, van en contra de la agenda de la persona que, a diferencia de él, sí fue electa presidenta.

En agosto del año pasado, la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, fue destituida del cargo al ser acusada de haber manipulado el presupuesto estatal. Tan pronto como Temer, quien era vicepresidente de Rousseff, asumió el cargo, anunció una serie de políticas neoliberales. Todavía sigue en ello, con el argumento de que está sacando provecho de su impopularidad para implementar medidas impopulares.

El presidente Michel Temer de Brasil. Su reforma al presupuesto dañará a los ciudadanos más pobres y vulnerables del país durante las próximas décadas. Credit Evaristo Sa/Agence France-Presse — Getty Images

La reforma al presupuesto, al igual que muchas de las políticas de Temer, dañará a los ciudadanos más pobres y vulnerables del país durante las próximas décadas. No solo los opositores de izquierda del presidente opinan así. Philip Alston, relator especial de las Naciones Unidas para la pobreza extrema y los derechos humanos, declaró recientemente que la medida “congelará gastos en niveles inadecuados y rápidamente decrecientes en salud, educación y seguridad social, dejando, por tanto, a toda una generación futura en riesgo de recibir una protección social muy por debajo de los niveles actuales”.

Alston agregó que la ley situará a Brasil en una “categoría socialmente retrógrada”. Que parece exactamente adonde Temer y sus secuaces quieren llevarnos.

Además de congelar el gasto, Temer presentó una propuesta para renovar el sistema de pensiones de Brasil. Su propuesta establecerá la edad mínima para el retiro a los 65 años, en un país en el que una persona promedio se retira a los 54. La ley también exige al menos 25 años de aportaciones al sistema de seguridad social para hombres y mujeres.

Hay buenas razones por las que Brasil no había aprobado leyes como esta en el pasado. Aunque el promedio de la esperanza de vida en Brasil es de 74 años, se trata de uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. Por ejemplo: en el 37 por ciento de los barrios de la ciudad de São Paulo, la gente tiene una esperanza de vida de menos de 65 años. En el caso de la población rural pobre es aún menor.

Algunos de los planes económicos de Temer ni siquiera tienen que ver con un déficit presupuestal. Además, el mes pasado, poco después de aprobar el techo del presupuesto, el gobierno propuso un plan laboral que permitiría convenios entre los empleados y los sindicatos que se impondrían sobre las leyes laborales. La nueva propuesta también aumenta el máximo de horas laborales permitidas a 12 al día y reduce la reglamentación en materia de empleo de trabajadores provisionales. La comunidad empresarial ha alabado el plan, pero desató indignación entre los sindicatos.

Otra prioridad para el presidente Temer es lo que se conoce como el plan de outsourcing. Se propuso por primera vez en 2004, pero nunca se aprobó debido a la fuerte resistencia de los sindicatos. En abril de 2015 fue ratificado por la Cámara Baja del congreso y ahora aguarda la aprobación del senado. El proyecto de ley dará libertad a las empresas para contratar cualquier trabajo a terceros, incluso en sus actividades principales. Según las reglas actuales, las empresas solo pueden contratar externamente los empleos “no esenciales” como los de limpieza, en tanto que los trabajadores “esenciales” tenían que estar contratados directamente por la empresa, lo cual quiere decir que tienen derecho a todas las prestaciones y derechos que establece la ley, como vacaciones pagadas, permiso de maternidad y bonos de fin de año.

Teniendo en cuenta todo esto, no sorprende que la administración de Temer tenga una aprobación tan baja: una encuesta de diciembre reveló que el 51 por ciento de los brasileños lo califican como “malo” o “pésimo” (solo el diez por ciento de los participantes dijo aprobar al gobierno; el 34 por ciento lo calificó de “regular”). Temer también fue encontrado culpable de violar los topes de financiamiento de campaña y su nombre ha formado parte de uno de los muchos escándalos de corrupción que se desarrollan en el país.

No obstante, el nuevo gobierno ya ha recibido todo el apoyo de las siguientes organizaciones: la Federación Brasileña de Bancos, el Frente Parlamentario Agrícola, la Confederación Nacional de Industria, la Organización Mundial del Comercio, la Federación de Industrias del Estado de São Paulo, la Federación de Industrias del Estado de Río de Janeiro, la Cámara Brasileña de la Industria de la Construcción, la Federación Nacional de Distribuidores de Vehículos Automotores y varios altos ejecutivos.

Para algunos brasileños, al menos, el fin del mundo es el comienzo de una oportunidad de oro.


Vanessa Barbara es columnista del periódico brasileño O Estado de São Paulo, editora del sitioweb literario A Hortaliça y columnista de opinión de The New York Times.

Este texto foi publicado em inglês na página A9 do The New York Times do dia 6 de janeiro de 2017, com o título: Brazil’s austerity apocalypse.